Verónica Marini practicando yoga para reducir el estrés y favorecer el bienestar

Yoga para reducir el estrés: pequeños cambios que transforman tu día.

Hay épocas en la vida en las que sentimos que todo va demasiado deprisa.

El despertador suena y, antes incluso de levantarnos, nuestra mente ya está repasando todo lo que tenemos que hacer. Trabajo, familia, responsabilidades, compromisos… Los días pasan casi sin darnos cuenta y, muchas veces, terminamos agotados, con la sensación de que nunca es suficiente, que le faltan horas al día.

Lo sé porque yo también viví así.

Hubo un tiempo en el que mi vida era un caos. Me levantaba a las cinco de la mañana y tenía el día completamente cronometrado. Todo estaba perfectamente planificado, excepto una cosa: cómo me sentía yo.

Vivía acelerada. Mi cabeza no paraba ni un instante.

Fue entonces cuando decidí probar con el yoga. No buscaba ser más flexible, ni hacer posturas complicadas. Buscaba que algo me ayudara a frenar, pero me dio algo más valioso aún: una forma diferente de mirar la vida.

El estrés no solo está en la mente

Pensamos que todo el estrés es malo, pero unos niveles de él nos pueden ayudar a dar lo mejor de nosotros. El problema no es cuánto estrés experimentas, sino cómo lo gestionas.

Cuando no lo podemos afrontar de manera correcta y lo mantenemos en el tiempo, el cuerpo empieza a dar señales asociados con dolores crónicos e incluso desequilibrios en la salud mental.

Dormimos peor, respiramos de forma más superficial, acumulamos tensión en el cuello, la espalda o los hombros y sentimos que estamos siempre “en alerta”.

Muchas personas llegan a mis clases buscando aliviar esas molestias. Pero, en realidad, buscan algo más profundo: un lugar donde poder frenar.

Un espacio donde no tengan que hacer nada más que escuchar su cuerpo.

¿Cómo ayuda el yoga a reducir el estrés?

El yoga nos ayuda a regular nuestra respuesta emocional frente los factores estresantes: enseña a observar nuestros pensamientos y mejora la conexión mente-cuerpo y cuerpo-mente, aumentando la capacidad de autorregulación y mejorar la resiliencia.

La meditación, el movimiento y respiración consciente y una vida intencional aumentan tu atención. Una mayor atención regula el sistema nervioso. La mente ya no está en muchos lugares al mismo tiempo.

A su vez, la práctica de asanas y pranayamas te proporcionan mayor conciencia interior, afectando al sistema nervioso autónomo, que cambia tus pensamientos y conexiones neuronales, creando nuevas redes.

No se trata de eliminar el estrés de un día para otro. Se trata de aprender a relacionarnos con él de una forma más amable.

Con el tiempo, muchas personas descubren que no solo cambia su cuerpo. También cambia la manera en la que afrontan el día a día.

Pequeños cambios que marcan la diferencia

No hace falta practicar una hora diaria para empezar a notar beneficios.

Una vez que somos capaces de reconocer nuestras señales de estrés (No hace falta una situación extrema, sino con hechos de la vida cotidiana: por ejemplo, nerviosismo ante una reunión de trabajo, un exámen, etc), podemos usar recursos del yoga para activar la respuesta de relajación.

Nadie sabrá que estás alargando la exhalación para calmarte o respirando profundo para llenarte de energía o relajando tu postura.

El bienestar no suele llegar de golpe.Se construye con pequeños gestos repetidos en el tiempo.

Lo que observo en mis clases

A menudo veo llegar a personas que sienten que necesitan ayuda, como quien busca un lugar donde descansar después de mucho tiempo sosteniendo el peso de todo.

Con el paso de las semanas ocurre algo muy bonito.

Empiezan a respirar más despacio.

A escuchar su cuerpo.

A tratarse con más amabilidad.

Y muchas me dicen algo muy sencillo:

“Me siento mejor.”

Para mí, esas tres palabras significan mucho.

Porque el yoga no cambia la vida de un día para otro.

Pero sí puede cambiar la forma en que la vivimos.

El yoga cambia la mirada

Si hoy alguien me preguntara qué es el yoga para mí, respondería que es una forma de vivir.

Una práctica que nos invita a comprender las cosas desde otro lugar, a aceptar lo que no podemos cambiar y a cuidar de nosotros mismos.

El mayor beneficio que me dio el yoga no es una postura.

Fue cambiar mi manera de mirar la realidad.

Y cuando cambia la mirada, muchas cosas empiezan a cambiar también.

¿Te gustaría descubrirlo por ti mismo?

Si sientes que necesitas un espacio para parar, respirar y reconectar contigo, estaré encantada de acompañarte.

Puedes practicar conmigo en las clases presenciales en la Ribera d’Ebre o, si lo prefieres, desde casa a través de las clases online. Contáctame por aquí o a través de Instagram.

Porque, a veces, el primer cambio no ocurre en el cuerpo.

Ocurre en la forma de mirar la vida.

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